| El punto de partida es plantearse: ¿Qué hay que hacer para que las contradicciones manifiestas no se traduzcan en actividades pedagógicas incoherentes?
(Bronckart y Schnewly)
Es muy habitual encontrar una sociedad que nos señala lo mal que hablan los alumnos: que no escriben, que no leen, que no hilvanan ideas, que no son capaces de hablar cinco minutos en público... ¿Qué reciben en la escuela, entonces? Justamente en la escuela reciben un contenido muy estático, que tiene como eje prioritario la transmisión de aquellas partes que son más fácilmente controlables, aquellas partes que se pueden convertir objetivamente en una cantidad medible de aprendizaje.
La lengua es crecimiento, es dominio, es expresión en la medida en que quien aprende, desarrolla, amplía sus horizontes culturales, científicos, de comprensión, de integración social, de liberación y de emancipación. (Alvarez Méndez, 1996).
Por ello es preciso concebir los contenidos de la enseñanza de la lengua y la literatura no sólo como un conjunto de saberes lingüísticos (conceptos gramaticales y hechos literarios) sino -sobre todo- como un repertorio de procedimientos expresivos y comprensivos (un saber hacer cosas con palabras, un saber decir, un saber entender) orientado a afianzar y fomentar las competencias discursivas , sin olvidar enseñar y aprender los valores que hacen posible el desarrollo de actitudes críticas ante los prejuicios lingüísticos, ante los usos discriminatorios del lenguaje y ante las diversas estrategias de manipulación y persuasión utilizadas en los intercambios lingüísticos.
Los contenidos de la educación lingüística y literaria no son sólo:
Los saberes acuñados por la investigación lingüística por la teoría literaria y por la Historia de la Literatura, sino también y sobre todo:
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Los conocimientos y las destrezas asociadas al saber hacer cosas con palabras (procedimientos expresivos y comprensivos) así como una serie de: actitudes sobre las lenguas, sobre los hablantes y sobre sus usos.
Ante esos enunciados el objetivo de la enseñanza y el aprendizaje de Lengua y Literatura aparece claro: desarrollo de la competencia comunicativa (comprensiva y expresiva).
El objeto de estudio es el lenguaje y su enfoque es el comunicativo. Se fundamenta en la enseñanza y el aprendizaje del uso de la lengua para la comunicación y para la representación del conocimiento y la experiencia.
Dicho de otro modo, los contenidos del área de Lengua y Literatura remiten directa o indirectamente a un saber hacer y, también, a establecer los conceptos que puedan facilitar el desarrollo de esas habilidades.
Leer, comprender, escribir son acciones lingüísticas, cognitivas y socioculturales cuya utilidad trasciende el ámbito escolar y académico al insertarse en los diferentes ámbitos de la vida personal y social.
De ahí la radical diversidad de las formas de decir del discurso escrito y oral y de ahí, también, los diferentes usos sociales de la lectura y la escritura de nuestras sociedades.
Hoy no es posible favorecer la adquisición y el desarrollo de las habilidades comunicativas si no orientamos algunas tareas al estudio de las estrategias verbales y no verbales.
La adquisición de una competencia semiológica en torno a los textos de los discursos de comunicación de masas y de la publicidad, exige el conocimiento de los modos en que cada discurso utiliza los materiales lingüísticos (usos léxicos, morfosintácticos y retóricos, implicaturas, presuposiciones, desplazamientos semánticos...) e iconográficos de la enunciación, una identificación de la intención comunicativa de quien construye el texto y una constante actitud crítica ante los usos de la lengua y de la imagen que denotan manipulación o discriminación.
La lengua deja de ser un objeto de reflexión teórica. No se trata de formar sujetos expertos en terminología, en gramática sino, en términos del enfoque comunicacional y funcional pretendido, en usuarios autónomos del lenguaje, en situaciones concretas de comunicación, con arreglo a diversas finalidades.
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La fundamentación epistemológica evidencia que en relación a la didáctica el acento está puesto en los contenidos procedimentales (saber hacer). De allí que las decisiones que se tomen deben estar relacionadas con diversos aspectos.
En primer lugar, la unidad de análisis será el texto en sus distintas manifestaciones discursivas, con una focalización en el uso del lenguaje que los usuarios realizan en diversas situaciones comunicativas, con distintas finalidades.
Se tratará, además, de analizar y describir la efectividad de las normas que rigen el uso para lograr una comunicación eficaz y luego volver al uso con la posibilidad de resignificarlo.
En segundo lugar, una de las máximas de la reforma es el aprendizaje significativo: se trata de partir de las experiencias previas que tiene el sujeto de aprendizaje. Y en este sentido, el caso de lengua es paradigmático porque es la materia sobre la que más experiencia tiene el usuario habitual de una lengua.
La Psicología del lenguaje de orientación cognitiva demostró la escasa utilidad de una enseñanza de los contenidos lingüísticos y literarios ajena a los esquemas que rigen el pensamiento, el conocimiento cultural y la acción comunicativa del alumnado.
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¿Cómo se aprende? Es una pregunta interesante que fundamentalmente el docente de la actual Enseñanza Media, en los últimos tiempos, ha olvidado. Pero sí hay respuestas. De todas maneras, si se construye a partir del capital comunicativo que se posee y si se tiene en cuenta lo que en cada momento se es capaz de hacer, decir y entender, las posibilidades de un aprendizaje significativo dejan de ser meras formulaciones de máximas.
¿Cómo se enseña? El punto de partida es entender que una explicación verbal del tipo que se desarrollan habitualmente en las aulas constituye un acto de comunicación. Un acto de comunicación en el que se respetan un conjunto de reglas que encauzan los aportes de los participantes y se condensan en el denominado compromiso entre lo dado y lo nuevo. (Sánchez Miguel, 1996).
El pacto intencional que se establece en el aula significa examinar la posibilidad de formar a los docentes en las habilidades discursivas que el ejercicio de la docencia requiere de una u otra manera. Situaciones en las que el discurso constituye el principal, cuando no exclusivo, instrumento didáctico.
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